Me enteré de la quedada sólo unas horas antes así que me organicé rápido, puse la dirección en el Google Maps y seguí fielmente sus indicaciones hasta llegar al sitio.

Para mi sorpresa, había mucho sitio donde aparcar. Acostumbrado al caos que suele ser ir en coche por Valencia ésto era algo positivo.

El nombre del punto de encuentro de esta quedada fotográfica era premonitorio: Veles e Vents (velas y viento). Posiblemente el día más frío del año, con temperaturas que llegaron a 5º durante el día y un viento del interior que congelada todos los labios de los asistentes.

Viento, frio y sol, eso es lo que me encontré al llegar al punto de encuentro.

El edificio Veles e Vents es muy conocido por los valencianos pero yo no había oído hablar de él hasta ahora. Se encuentra en el puerto, cerca de donde montaron los talleres para la presunta corrupta fórmula 1 y que ahora están desmantelando por falta de un uso real.

Al llegar, lo primero que llamó mi atención era que la media de edad estaba en unos veinte años. En un momento dado, miré a mi alrededor y yo era el más viejo (tengo 36 años). Supongo que es algo a lo que tendré que empezar a acostumbrarme…

No paraba de llegar gente en pequeños grupos y nos juntamos más de cien personas, tratando de refugiarnos del viento que no daba ni un momento de tregua.

Una señora aburrida que paseaba por allí pregunto:

– ¿y ésto para qué es? a lo que una modelo contestó:

– Es una quedada fotográfica.

La señora se le quedó mirando fijamente e insistió

– ¿Pero entonces dan algo?

– No – le contestó.

Y entonces siguió su camino un tanto desilusionada.

Más o menos a la hora acordada, los organizadores empezaron a dar voces para indicar que el evento iba a comenzar. Agradecieron la asistencia, dieron las normas básicas y trataron de organizar la elección de modelos.

Se hicieron pequeños grupos de fotógrafos y modelos y cada uno fue para donde le pareció a empezar con las fotos.

Desde ese momento, el resto de la jornada fue tan bien o tal mal como cada uno se lo pudo montar. A la hora acordada no había nadie en el punto de reunión ni se organizó ningún acto más.

Para la hora de comida cada uno tiró para un sitio y luego el edificio Veles e Vents servía como improvisado punto de encuentro. Algunos de Valencia se fueron a casa a descansar y comer. Yo no sé cómo terminé comiendo con una mesa de fotógrafos de Alicante, compartiendo y aprendiendo sobre la profesión.

Hasta ahora pensaba que las quedadas fotográficas de Castellón eran caóticas pero ésta de Valencia fue un completo desastre.

Aún así, valió la pena. Los participantes de ambos lados, fotógrafos y modelos, pusieron todo de su parte para conseguir las mejores fotos posibles. Ni el frío ni el viento pudo con nosotros.

Jalindra, aguantaba todo el rato que hiciera falta, parando sólo cuando el castañear de los dientes de tanto frío se le hacía imposible. Brutal.

A Jairo le pedí si podía quitarse la chaqueta un momento porque pensaba que quedaría mejor con la banda de peligro que cruzaba por detrás mecida por el viento.

Manel posó y saltó para mí con su patin.

Con Esther disfruté a contrareloj los pocos minutos que quedaban de luz.

Con Laura intentamos aprovechar la escasa luz que nos daba el edificio mientras nos escondíamos del viento y tratábamos de animarnos con algo de música.

Así que agradezco a los organizadores que hicieran público éste evento en Facebook y espero que haya más y con un poco de organización.

Cosas que hice diferente esta vez

Puede que fuera todavía por la resaca de la gripe que había tenido esa semana o bien por el cansancio natural de los antibióticos pero al principio estaba más tranquilo de lo normal. El viento era tan fuerte que a veces costaba incluso mantener una conversación.

Entre tanta gente, decidí hacer algo que no había hecho hasta ahora. Empecé a moverme alrededor de los grupos que se iban formando. Miraba quién era fotógrafo y quién modelo y decidía si había algo que me llamara la atención.

Ahí fue cuando vi a Jairo, con su estilo urbano que era justo lo que me está gustando últimamente. Me acerqué y me presenté. Le dije que me gustaría fotografiarle si le parecía bien.

Hice lo mismo con Jalindra aunque tuve que esperar ya que otra fotógrafa se me había adelantado. Sin duda, Jalindra fue una auténtica sensación durante la jornada. En un momento antes de comer habían como diez fotógrafos haciéndole fotos desde todos los ángulos posibles.

Tenía dos modelos masculinos. Con un estilo urbano en un entorno y un edificio moderno de esos que cuestan miles de millones y que sólo los valencianos están tan locos como para hacer. Eran los ingredientes que necesitaba para cocinar las fotos que me gustan.

A diferencia de otras sesiones donde hago unas cien fotos por modelo en media hora, ésta vez me sorprendí a mi mismo haciendo uno a dos por concepto o idea.

Decía algo así al modelo:

Quiero hacer éste tipo de foto, con este enfoque. Me gustaría que hiceras esto ¿te parece bien?

Se ponía, lo hacía y yo disparaba.

Quizás para alguien con más experiencia pueda parecer lógico pero para un novato como yo ha sido toda una revelación. Tener un propósito para la foto me ha simplificado mucho la toma de la misma.

Por la tarde, los que decidimos volver a pesar del frío y del viento, nos agrupábamos a medida que nos encontrábamos:

– ¿Sóis de la quedada de ésta mañana? – les pregunté a unos.

– Sí, hemos ido al punto de encuentro pero no hay nadie.

Buscando los últimos rayos de sol, terminamos todos en un pub que ahora está cerrado pero que es completamente abierto al estilo terraza de verano. Justo en la entrada había un cartel que ponía: prohibido el paso.

Unas cincuenta personas bailaban, posaban, disparaban, temblaban y creaban su momento decisivo.

La noche llegó antes de lo que se la esperaba y trajo consigo el regalo de una enorme luna. Lo que ahora llaman no se muy bien porqué ¡Superluna! (cómo les gusta exagerar a los periodistas).

Alrededor del edificio la luz era muy mala a pesar de que en el comunicado del evento se dijo que era espectacular. No daba ni para una triste foto subiendo el ISO así que a las 18h mi modelo y yo éramos los únicos que quedaban por los alrededores junto con un pequeño grupo de tres o cuatro que probaban un flash.

La jornada terminó con toda seguridad con más de uno resfriado y con muchos labios cortados.

Una localización para descubrir

Si no conoces la zona del puerto, es un lugar totalmente recomendado como localización fotográfica. Además del edificio comentado, en los alrededores tienes:

  • Una zona de cesped.
  • Varias plataformas al lado del mar.
  • Paredes con relieves y sombras.
  • Un parque infantil.
  • La playa.
  • Una grada estilo romano de madera.
  • Una pérgola.
  • Y muchas cosas más que descubrir.

Coge tu cámara y tira para Valencia.